¿Por qué el día tiene hoy un segundo más?

¿Por qué el día tiene hoy un segundo más?

En algunos lugares del mundo como Europa, ocurrirá a las 2 de la madrugada, en otros como Latinoamérica hacia el final de la tarde. La cuestión es que en ese momento los relojes atómicos de todo el mundo sumarán automáticamente un segundo extra para sincronizarse con el Sol. ¿Por qué ocurre?

La respuesta es, en realidad, bastante sencilla pero sus orígenes son fascinantes y tienen que ver con cómo el ser humano ha medido el tiempo a lo largo de la historia. En Grecia utilizaban clepsidras, relojes de agua que dependían de lo que tardaban dos recipientes de agua en vaciarse y llenarse alternativamente. Funcionaban, claro, pero eran muy poco precisos.

La medición del tiempo a través de los siglos

¿Por qué el día tiene hoy un segundo más?
Siglos más tarde, en el XIX, los países más ricos del momento se reunieron en Washington para determinar de una vez por todas un meridiano que reemplazase a los múltiples que había entonces. Dicho de otro modo: adoptar un meridiano único y una manera universal, estándar, de medir el tiempo entre los distintos países. El elegido fue el meridiano de Greenwich, debido al Real Observatorio de Greenwich, fundado dos siglos atrás, y uno de los más importantes del momento. La elección dejó fuera, curiosamente, a algunos países como Francia que siguieron utilizando el meridiano de París durante algunas décadas más.
De los acuerdos resultantes tras la Conferencia Internacional del Tiempo en Washington y la adopción del meridiano de Greenwich se planteó el Greenwich Median Time (GMT) y se acordó que sería la “Hora Universal” (UT, de Universal Time), también conocida como Hora Zulu en términos militares. Hacia la izquierda, por cada meridiano se quitaba una hora, hacia la derecha se sumaba.
Pero pasó el tiempo (esto es un chiste) y a mediados del siglo XX llegó un descubrimiento científico importantísimo: el reloj atómico. El primer reloj atómico se construyó en Estados Unidos cuando los físicos observaron un proceso que era extremadamente regular, la resonancia magnética que se produce a niveles atómicos. Los primeros no eran mucho más fiables que los analógicos de la época funcionando con cuarzo (lo siguen utilizando, de hecho, es el “Quartz” que puede leerse aún hoy en muchos de ellos, pero poco a poco fueron perfeccionándose.

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