martes, 25 de abril de 2017

Se llama Steve y no es un hombre, es un nuevo tipo de aurora


Ocurrió de manera fortuita en Facebook. Un grupo de aficionados a las auroras estaban compartiendo imágenes del fenómenos cuando de repente observaron algo inusual.
Había una que era distinta al resto, tanto, que tras el estudio de un equipo de investigadores concluyeron que estaban ante un nuevo tipo de aurora.
Cuando hablamos de las auroras, boreales o australes, nos referimos a un fenómeno que se produce cuando una eyección de partículas solares cargadas choca con la magnetósfera de la Tierra. Esta “esfera” que nos rodea obedece al campo magnético generado por el núcleo de la Tierra formada por líneas invisibles que parten de los dos polos, como si fuera un imán.
Como consecuencia de ello, estas partículas cargadas que han sido aceleradas en nuestra atmósfera por el campo magnético de la Tierra transfieren su energía a los gases atmosféricos (tales como el nitrógeno y el oxígeno). Esta energía extra se libera en forma de luz dando como resultado a la majestuosa aurora.
Un dato a tener en cuenta con el fenómeno es que la aurora varía en fuerza dependiendo de lo activo que esté el sol. Normalmente, una aurora sólo es visible cerca de los polos magnéticos pero cuando es particularmente activa se puede ver desde mucho más lejos.
De hecho, generalmente vemos a la aurora como una banda alrededor de los polos (conocido como el óvalo auroral). Esta banda es normalmente verde, aunque con tintes de rojo o púrpura lanzados en una especie de mezcla mágica.


Ocurre que las imágenes que observaron estos aficionados en la red social eran diferentes. Los usuarios notaron que no se parecía a una aurora “normal”. Tras las primeras pesquisas analizando las imágenes se dijo que la extraña aurora podía ser lo que se conoce como un “arco de protones”, aunque posteriormente los científicos negaron tal posibilidad.
Estos fenómenos son causados ​​por protones (partículas positivas cargadas que forman el núcleo atómico junto con los neutrones) chocando con gases neutros en la atmósfera. Las auroras protónicas no son visibles a los ojos y son amplias y difusas.
Sin embargo, este nuevo tipo de aurora era visible a los ojos, como si fuera una banda brillante en el cielo nocturno. Los investigadores sabían que tenían entre manos algo totalmente nuevo, ¿pero qué?

Steve, la aurora



Así fue como el proyecto colaborativo de ciencia ciudadana Aurorasaurusemitió una llamada a todos los aficionados para que recolectaran todos los avistamientos que se parecieran a aquella aurora que todavía no tenía nombre. En pocos días surgieron unas 50 imágenes de avistamientos de la aurora en países como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido o Nueva Zelanda (todos durante el 2016 y 2017). Fue así como llegó el momento de bautizar al nuevo fenómeno: Steve.
Poco después se identificaba a la nueva aurora ante la “vista” del profesor de física y astrónomo de la Universidad de Calgary, Eric Donovan. El investigador descubrió cómo mientras el satélite de la ESA volaba directamente a través de una aurora Steve, los datos del campo eléctrico desde el instrumento mostraban una serie de cambios muy claros. Según Donovan:
La temperatura a 300 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra saltó a 3000 ° C y los datos revelaron un arco de 25 km de gas que fluye hacia el oeste a unos 6 km por segundo en comparación con una velocidad de unos diez metros por segundo a ambos lados del arco.
Aunque para los aficionados no había duda, este fue el momento que demostró que Steve tenía unas características distintas de las auroras normales. Por otro lado, también demostraba que Steve no era un arco de protones.
Increíble. Ahora que sabemos de la existencia de Steve los investigadores pasarán a tratar de estudiar qué es lo que causa el fenómeno. Un encuentro fascinante y raro, ya que los descubrimientos de nuevos tipos de auroras no son comunes. Un hallazgo que además destaca la encomiable labor de ese numeroso grupo de aficionados y enamorados de la belleza de las auroras. Ellos fueron los primeros en avistar una nueva y majestuosa luz.

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